Posteado por: tucidides | 11 enero 2010

Castillo con historia

El Castillo Villa del Mar de Naguabo es uno de los pocos ejemplos que se hallan en Puerto Rico del estilo victoriano tardío

Por Joel Ortiz Rivera / joel.ortiz@elnuevodia.com

NAGUABO – Vetusto recuerdo de una época de plantaciones, trapiches y esclavitud, cuando el azúcar reinaba en el Caribe, los restos del Castillo Villa del Mar de Naguabo son el testimonio de un pasado y una historia que parecen quedar arropados por yerbajos de leyendas.

Esta llamativa aunque abandonada estructura, localizada en la misma carretera número 3, en uno de los extremos del conocido Malecón de Naguabo, es uno de los pocos ejemplos del estilo arquitectónico victoriano tardío que se hallan en Puerto Rico, según información brindada por el municipio de Naguabo y por otra obtenida por el portal de la Oficina Estatal de Conservación Histórica.

Su valor arquitectónico, demostrado a través de sus losas criollas de distintos colores y patrones, sus 18 columnas jónicas y sus techos a cuatro aguas y hexagonales en su distintivo torreón, ha sido anotado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, que desde el 1977 la incluyó en su “Inventario de Monumentos Históricos”.

Pero en su época, la residencia, construida a orillas del Mar Caribe, fue eje del comercio antillano al contar con su propio atracadero, el cual era utilizado por sus propietarios para la exportación del azúcar y de otros productos a las islas cercanas.

Y según la lengua popular, los túneles que muchos alegan que poseía la casa son semilla de leyendas que relatan que desde allí se contrabandeaba ron, que uno de los túneles llegaba hasta la iglesia del pueblo y que otro llevaba hasta una central azucarera propiedad de la familia.

Fue en el 1885 que el capitán del ejército español, don Luciano Fuertes, y su esposa doña Margarita Ruz, él de Asturias y ella de Islas Canarias, llegaron a Puerto Rico y se establecieron en la playa de Naguabo. Allí desarrollaron sus negocios y su fortuna, por lo que Fuertes decidió traer a su sobrino, Faustino Rodríguez Fuertes para que le ayudara con los trabajos familiares cada vez más exigentes.

Con el paso del tiempo, Rodríguez Fuertes terminó enamorándose de la hija del matrimonio, Carmen Fuertes Ruz, y cuando se casaron pasaron a vivir en la casona que ocupaba el espacio del Castillo en la Bahía de Húcares.

El matrimonio prosperó económicamente al fundar centrales azucareras como la Central Triunfo y la Central Gurabo, además de la fábrica de Ron Sobrino, antes de que ordenara, en el 1917 la construcción del Castillo.

Fue su hija, Rosalía quien heredó la mansión años después con todo su mobiliario, sus amplios balcones y sus tejas barnizadas. Cuando ésta falleció, la residencia fue arrendada a la Base Naval de Roosevelt Roads para ser utilizada como residencia.

Luego, pasó a manos de Luciano Rodríguez Fuertes, y en la década de los 80 fue adquirida por el comerciante Arnaldo Castro, quien se dedicó a restaurar sus pisos, ventanas y techos para luego establecer allí un restaurant de mariscos combinado con una galería de arte.

El paso del huracán Hugo en el 1989 le causó daños serios a la estructura y a mediados de la década de los 90 un incendio consumió gran parte de ella.

Al día de hoy la administración municipal y otras agencias gubernamentales esperan reunir los fondos para rescatar la propiedad del abandono en que se encuentra y convertirla en un museo.

Mientras tanto, entre el vaivén de las olas y la vegetación que lo arropa, el esqueleto del caserón parece esconder sus secretos y mitos, mientras aguarda por su posible regreso a la gloria de antaño, cuando el azúcar reinaba.

Fuente: http://www.elnuevodia.com/castilloconhistoria-657877.html

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