Posteado por: tucidides | 28 abril 2010

picada de ojos: la universidad, enmarcada

El mensaje del goberna­dor, especial­mente la sección sobre la UPR, fue indignante. Nefasto.  Y efectivo.

Y al decir “efectivo” no quiero decir ni que tiene razón ni que habla con verdad.  De hecho hay varios momentos que ejemplifican muy bien el uso resbaladizo, fragmentado, que suele dár­sele a la verdad en este tipo de mensaje político, independiente­mente de los bandos, los colores, o la ocasión histórica.  Como cuando habló del “porciento fijo” que representa el presupuesto de la Universidad pero olvidó aclarar que la base sobre la cual se calcula ese porciento fue alte­rada, como parte de los contenidos aproba­dos en la todopoderosa Ley 7.

Pero no vengo a hablar de las medias verdades sino de la efectividad del mensaje.  Por “efectivo” quiero decir que probable­mente logra su cometido.  Cometido que, por cierto, no tiene nada que ver con convencerme a mí.  Ni a mí ni a los tantos otros que vivimos enamora­dos y enamora­das del concepto, del espacio, de la idea, de la metáfora, de la institución y del proyecto cultural que es la Universidad de Puerto Rico.  No.  De hecho, una de las cosas que hace efectiva esa sección del mensaje es justa­mente eso-que de entrada, el goberna­dor NO nos está hablando.  Ha decidido no hacerlo.  Nos “tira a pérdida”, no intenta convencernos, y convierte ese exilio (no somos parte del acto comunica­dor sino especta­dores del mismo) en parte de la estrategia de comunicación.

Y esto no es una movida discursiva particular­mente original, ni nueva. Es un clásico de los comunica­dores políti­cos conserva­dores en Esta­dos Unidos.  Lakoff y otros linguistas lo llaman “framing”, y se trata de una forma de comunica­ción política estudiada, probada, y en el desa­rrollo de la cual se ha invertido mucho dinero.

Es importante recordar que “framing” tiene el significado literal de enmarcar (lo que le hace­mos a las fotos y los cuadros) pero también el más metafórico de  incriminar (lo que le hace­mos a las personas cuando los hace­mos quedar mal, o como falsa­mente culpables.)

El framing funciona así: Cada palabra está atada a un marco conceptual, del cual somos más o menos conscientes.  Un ejemplo que provee Lackoff es el de Arnold Schwarzenegger aceptando la goberna­ción, y diciendo “cuando el pueblo gana, la politique­ría (politics as usual) pierde.” ¿Qué logra con eso? Logra enmarcarse a sí mismo, el gana­dor, como el resultado de la elección del pueblo y la encarna­ción de esa victoria, y a a la legislatura demócrata como “politics as usual” y pronta perdedora.  Todo esto por adelantado, anticipándose al debate.

Otro ejemplo que usa Lackoff: la frase “alivio contributivo” (“tax relief”).  Ésta enmarca no tanto al “alivio” como a las contribuciones — si hay “alivio” esto implica que las contribuciones son una “dolencia”, una “enfermedad” de la cual hay que aliviarse.  De manera similar, los conserva­dores en Esta­dos Unidos se han apode­rado de cosas como “los valores”, la “vida” , la “familia” y hasta de la “libertad”.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el mensaje de hoy y con la universidad? Vea­mos el discurso de Fortuño:

“Como hemos dicho en el pasado, estabilizar nuestras finanzas y reconstruir la economía de Puerto Rico es tarea compartida de TODO nuestro pueblo…Es por eso que nuestra gente no entiende por qué, si todos nos hemos tenido que ajustar los pantalones en los pasa­dos años, la Universidad de Puerto Rico no pudo hacer lo mismo.”

De entrada, hay un framing — una dicotomía entre EL PUEBLO y SU UNIVERSIDAD– coloca­dos de repente, gracias al lenguaje, en bandos opuestos.  No se trata de la UNIVERSIDAD DEL PUEBLO, sino de una universidad distante del pueblo, y de sus sacrificios. La UPR queda enmarcada desde el arranque como una entidad ajena, elitista, enajenada y engreída.

Y así se desa­rrolla el resto de ese capítulo del mensaje: De una parte, la universidad del estado, representada por seres que en la narrativa de Fortuño, se rehúsan a reconocer su privilegio y a “ajustarse los pantalones”. De otra parte, todo el resto del país. Como lo hace aquí,

“O sea, que la matrícula que pagan los estudiantes de la UPR cubre apenas el 3% del presupuesto de la Universidad…el resto lo paga­mos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES.  Por eso es que nuestro pueblo—que es un pueblo justo y noble, pero que también es un pueblo de ley y orden que cree en la democracia—se molesta cuando ve y escucha lo que todos hemos presenciado en la Universidad en los pasa­dos días.”

cuando pone de una parte a los contribuyentes (a.k.a. “el pueblo”, y justo en abril, cuando todavía nos duele el bolsillo), a la ley, y al orden,  y de la otra parte a los estudiantes huelguistas (y por extensión a la no-ley, y al des­orden.)  Y aprovecha la alianza linguística para lanzar la no-muy-velada amenaza:

“El respeto al principio de la autonomía universitaria nos obliga a ser prudentes y no intervenir hasta que nos lo requie­ran las autoridades universitarias. Pero a las autoridades universitarias les digo: esta­mos aquí, listos y dispuestos para brindar­les la ayuda que ustedes estimen necesaria, cuando ustedes así lo determinen, para proteger los derechos de TODOS los estudiantes.…etc etc.”

Aquí hay varios “marcos” adicionales, actores de carácter en el drama linguístico entre el “ellos” de los universita­rios y el “nosotros” del pueblo trabaja­dor y des­empleado: desde afuera, las autoridades gubernamentales, la “ley y orden” que se ha declarado ausente, espe­ran la invita­ción de las autoridades universitarias, “enmarca­das” como inefectivas. Paternal, pero por supuesto en el rol de “padre severo” que tanto les gusta a los conserva­dores de este corte, le dice a la universidad lo que tiene que hacer-y espera. Espera para aplicar la “cero tolerancia”, la “mano dura”, la “ley y el orden”.

Tan flexible es el lenguaje y tan efectivo el “framing”, que algún ciudadano podría olvidar, de momento, lo absurdo de un escena­rio donde los “malos” son los estudiantes que han dicho CON LA UNIVERSIDAD NO SE METAN, y los “buenos” son el goberna­dor, la legislatura,la policía, la fuerza de choque, las universidades priva­das, los estudiantes que no quierem paro, los que no saben si quieren paro o no, los ciudadanos que trabajan y pagan impuestos, los que no pagan impuestos porque ya no trabajan, porque los bota­ron,  la Ley 7 que los botó, la administra­ción universitaria…

El desa­fío es claro.  Hay que recordarle al país que la UPR es el sistema universita­rio del país, del pueblo.  Que su costo real por crédito es mayor que el de las priva­das no porque sea más “ineficiente” sino porque se trata de un proyecto cultural que va más allá de (y que enriquece) las aulas. Que sus tasas de gradua­ción son las mejores del país.  Que produce la mayor parte del conocimiento científico y humanístico del país.  Que su destino y el de Puerto Rico están ata­dos uno al otro con lazos  de fuerza, de antiguedad, y de una lógica racional y emocional que tal vez al gobe se le escape pero que no deja por ello de existir. Que la universidad nos permite imaginar y construir futuros. Que romper a la universidad es en cierto modo romper el espíritu colectivo, el ethos, la cosa, el no sé qué. ¿Que se equivocan (nos equivoca­mos) a veces los que la habitan? Pues claro que sí.  Pero la UNIVERSIDAD es mucho más que las partes que la compone­mos, y (¡tan distinta del mercado!, ¡y de la ley!) nos perdona.  Es otra cosa. Es nuestra.

Y esa cosa, esa cosa que es el país, nuestro goberna­dor y su bandera no la entienden.  Busque­mos de nuevo el lenguaje, expliquémosla otra vez.  Algunos ya han empezado-para leerlos, pulse aquí, aquí, aquí y aquí. Yo me voy a dormir, y a buscar las palabras.

Fuente: http://rimabrusi.com/?p=1716

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