Posteado por: tucidides | 28 mayo 2010

Reforma universitaria

GAZIR SUED

DOCTOR EN FILOSOFÍA

28 Mayo 2010

El propósito medular de la Ley de la Universidad de Puerto Rico es “reafirmar y robustecer su autonomía”, según dispone el Artículo 1. La consecución de la misión social, objetivos y deberes de la Universidad está sujeta al cumplimiento de esta cláusula legal. El problema es que no existe “autonomía” más allá del ideal imaginario de la Ley. La autonomía universitaria es una ficción jurídica; una retórica mítica; una inconclusa reforma liberal; un signo recurrente de ingenuidad política; una ilusión revolucionaria; un horizonte democratizante a seguir; un deseo genuino para algunos, una peligrosa realidad que impedir, entorpecer u obstaculizar para otros. La evidencia es paradójica: es la propia ley que la nombra y reivindica la que consagra su (im)posibilidad.

El Art. 3 dispone que la UPR “será gobernada y administrada por una Junta de Síndicos”, compuesta por trece personas, diez de las cuales serían nombradas directamente por el Gobernador y consentidas por el Senado. Esta es la puerta ancha por la que los partidos políticos conservan y perpetúan sus intromisiones indebidas en la vida institucional de la UPR. Este cuerpo representa más que una abierta violación a la autonomía universitaria, la evidencia de su inexistencia. Es inútil invocar el principio de respeto a la autonomía si la ley impone una estructura administrativa, “de gobierno”, explícita y confesamente ajena a la Universidad.

La pasada “histórica” asamblea claustral aprobó por unanimidad “pedir la renuncia” de la presidenta de la Junta de Síndicos, Ygrí Rivera. Esta fue su respuesta: “Pedirme la renuncia es una declaración… que no tiene ninguna validez, ni ninguna fuerza. (…) Ellos no fueron los que me nombraron… Yo no estoy aquí por ellos”. Nadie debe extrañarse, ni tampoco dejarse engañar por ilusiones vanas. La realidad es que la mera sustitución de sus miembros dejaría intacta la estructura legal que, en sí misma, constituye una violación al principio de autonomía universitaria, matriz de los problemas presentes y porvenires.

La comunidad universitaria no debe limitarse a reaccionar contra las malas políticas institucionales ni constreñir su horizonte de acción a criticar las ofensivas gubernamentales contra la educación pública. Además de procurar respuestas ante la crisis fiscal, debe eliminar los obstáculos estructurales que impiden que la Universidad ejerza una gestión administrativa políticamente transparente e intelectualmente honesta. Debemos darnos a la iniciativa de realizar una Reforma Universitaria desde la Universidad, profundizar el análisis y resolver el problema desde su raíz; instaurar una autonomía institucional efectiva y democratizar radicalmente los cuerpos que la rigen. El momento es ¡ahora!

Fuente: http://www.elnuevodia.com/columna-reformauniversitaria-712511.html

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