Posteado por: tucidides | 8 junio 2010

Defendamos el proyecto universitario

June 8, 2010

Por: Mariana Iriarte Mastrondo
De: Especial para Diálogo

Hace unos días un compañero me decía que el golpe siempre viene de donde una menos lo espera, pero que del Estado siempre hay que esperarlo. Tenía razón. Después de 43 días de huelga no puede ser una sorpresa que la administración universitaria esté apostando al desgaste físico y moral del movimiento estudiantil. Prueba de lo anterior es la entrada en escena de la cuota especial de mil cien dólares para garantizar el préstamo que supuestamente la UPR necesita.

Recientemente tuve la oportunidad de leer un ensayo que analiza y problematiza la huelga de la Telefónica de 1998 y la estrategia del todo o nada. Mientras lo leía pude aclarar varias cosas. La primera es que tenemos que pensar que el gobierno de Fortuño tienen un plan de reestructuración de la Universidad, antes eso debemos pensar cuál será nuestra estrategia si finalmente ese plan de restructuración se da. ¿Qué hacer como movimiento estudiantil si el fin de este gobierno es clausurar la Universidad como el espacio de quehacer académico intelectual y el motor principal del pensamiento libre y crítico?

Es momento de medir las fuerzas y pensar, como aconsejó Catalá durante la huelga de la Telefónica, cuán decidida está la administración universitaria a mantener la Universidad cerrada y cuán fuerte está el movimiento estudiantil para resistir ese plan. Si realmente el gobierno está decidido a establecer nuevos arreglos para la Universidad, el movimiento estudiantil que salga de esta huelga, debe salir victorioso y fuerte para poder hacerle frente a eso que viene. A modo de ejemplo, no olvidemos que hubo un primer intento de venta de la Telefónica que no prosperó debido a la ausencia de ciertas condiciones pero que el segundo intento sí fue exitoso: se vendió la Telefónica y no se obtuvo ninguna conquista apostando a la estrategia del todo o nada. El movimiento estudiantil no puede ni debe darse el lujo de salir debilitado de este proceso que tanto nos ha costado y tanto ha conseguido.

La asamblea general de estudiantes del 13 de abril decretó un paro de 48 horas con la posibilidad de una huelga indefinida si la administración se negaba a negociar. Efectivamente la administración no reconoció como legítimo al Comité Negociador y se inició el proceso huelgario. En este punto debemos aclarar que, al igual que en el 48 y en el 70, la administración decretó un cierre de la institución y fue ésta quién apostó al cierre como primera alternativa cancelando así todo espacio de diálogo o negociación.

Las negociaciones finalmente comenzaron, sin embargo, nunca parecen haber estado destinadas a la reapertura de la Universidad. Por un lado, la administración se sienta con el Comité Negociador mientras que por el otro desarrolla campañas publicitarias, anuncia la imposición de una cuota especial ridículamente alta y empiezan a llover en el Capitolio proyectos de ley destinados a enmendar la ley de la Universidad.

Ante este escenario, es preciso que empecemos a reflexionar en qué momento comenzamos a permitir que fuera la administración quien dictara cómo y cuándo íbamos a desarrollar nuestra huelga. Que nos preguntemos si la dilación de los procesos no está, maliciosamente, destinada a mantenernos en una huelga que parece no tener fin. Que pensemos si no estamos dando vueltas como el perro que intenta, infructuosamente, de morderse la cola.

Hay quienes sostienen que en estos 43 días de huelga no hemos logrado mucho. A diferencia de éstos, soy de los que piensan que sí hemos logrado muchísimo. Más allá de los reclamos específicos, este movimiento estudiantil logró, por primera vez, unificarse y consolidarse a nivel sistema; logró desenmascarar los planes de una administración que pretende, sin temor a equivocarme, no sólo desmantelar la Universidad como institución, sino más bien aniquilar el proyecto universitario; logró que todos los sectores que componen la comunidad universitaria y el pueblo en general asumieran postura y se expresaran a favor de los estudiantes pero sobre todo que se reconociera a la Universidad como la institución fundamental que es en el desarrollo de un proyecto de país.

Ahora bien, sería un error garrafal asumir dichos logros como evidencia de un poder infinito. El poder ha estado y permanece en manos del Estado. Los y las estudiantes, utilizando la huelga como un medio, hemos intentado subvertir el poder pero en este momento cabe preguntarse si la huelga se ha normalizado y, por tanto, ha dejado de ser subversiva. Debemos preguntarnos si no es hora ya de recoger lo que hemos conseguido, replegarnos y redefinir nuestras estrategias de lucha para enfrentar un plan mayor como lo puede ser la reestructuración de la Universidad.

Para enfrentar dicho plan es necesario un movimiento estudiantil fuerte, capaz de enfrentar la ofensiva gubernamental desde la unidad. Creer que podemos agotar todos nuestros reclamos en un único momento equivale a sobreestimar nuestra capacidad política lo cual redundaría en el resquebrajamiento de este movimiento estudiantil que tanto nos ha costado construir. No podemos permitir que la administración sea nuestra brújula y determine cuáles son nuestros reclamos. Este movimiento estudiantil conoce sus reclamos, el hilo conductor entré lo qué nosotros queremos lograr y lo que hay en la mesa de negociación está determinado desde el 13 de abril, dar espacio para que nos impongan nuevos reclamos es contribuir en la estrategia “universidad cerrada”.

A esta altura es imprescindible retomar el contacto con el afuera, abandonar el microespacio que hemos construido y denunciar a la administración en sus intentos de cancelar el proyecto universitario. Para eso es necesario que se certifiquen los reclamos logrados, se negocien las sanciones disciplinarias, si alguna, y se deje claro que no vamos a negociar nada que no haya estado dentro de nuestros reclamos iniciales.

No permitamos que los árboles nos impidan ver el bosque. La Universidad está en una profunda crisis y tenemos la responsabilidad, junto a otros sectores, de luchar para impulsar una verdadera Reforma Universitaria. Ayer mantenerla cerrada constituyó una estrategia que adelantó nuestros reclamos. Sin embargo hoy es contribuir a su deterioro y eso equivaldría a rendirse. Los estudiantes no nos rendimos, por eso continuaremos construyendo la Universidad que hoy el gobierno nos niega.

Para lograr nuestros objetivos es imprescindible diferenciar las posturas moralistas de las ético-políticas. No podemos caer en la trampa del moralismo y encerrarnos a discutir si levantar la huelga constituye claudicar. Frente a esa posición, que tiene que ver con lo emocional y no con lo político, tenemos que pensar cómo abrir la Universidad adelanta –o no-, no sólo los reclamos estudiantiles, sino también la protección del proyecto universitario. En este sentido, pensar políticamente implica reflexionar sobre cómo determinada estrategia contribuye a crear mejores arreglos institucionales que, verdaderamente, nos conduzcan a la construcción de la Universidad que queremos. Mantener la Universidad cerrada, en este momento, dejó de ser instrumento de presión y se convirtió en la estrategia de la administración. No bailemos su baile, rescatemos a la Universidad.

La autora del texto es estudiante de la Escuela de Derecho de la UPR.

Fuente: http://dialogodigital.com/en/dialogico/2010/06/defendamos-proyecto-universitario

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